martes, 7 de febrero de 2012

De dobles raseros y contradicciones varias…

Hay que ver cómo cambian las cosas. A uno, que no ha nacido ayer ni se ha caído de un guindo, le consta que el lenguaje nunca ha sido neutro y que quien paga manda (máxima que vale también para la prensa). Aun así, he de reconocer que no termino de acostumbrarme a la elasticidad de ciertos términos y a la volatilidad del significado de determinados conceptos. Vamos, que sigo sorprendiéndome al corroborar la facilidad con que para muchos lo que antes era blanco ahora es negro y viceversa.

Unos lo llamarán doble rasero, otros sostendrán que es simple aplicación de la ley del embudo y hay quienes hasta veamos en esto un claro reflejo de la derrota ideológica que sufre la izquierda actualmente. Pero, sea lo que sea, el caso es que el filibusterismo semántico se impone a pasos agigantados, favorecido además por el silencio de algunos, la connivencia de otros y el acriticismo que nos rodea.


Tal vez es que con la edad me estoy volviendo más suspicaz o que, como afirma el nuevo delegado de Participación Ciudadana, padezco el síndrome del “ex gobierno”… Pero a mí –qué quieren que les diga– me parece curioso que quienes antes eran tachados despectivamente de “militantes palmeros” o de “paniaguados de la mamandurria pública”, hoy luzcan ante nosotros como “profesionales cualificados” que reúnen todos los parabienes para trabajar al servicio de la Administración local.

Porque, como todo el mundo sabe, desde que el PP está al frente del Ayuntamiento los cargos de confianza ya no son comisarios políticos, sino “excepcionales expertos” y “técnicos independientes” de una valía irrefutable.


Sólo hay que darse una vuelta por las sedes de los Distritos para despejar cualquier atisbo de duda al respecto. O mejor aún: recomiendo echar un rápido vistazo al currículo de gente como el director de Mercasevilla (presunto topo del PP en la Agencia Idea, expedientado por la Junta de Andalucía), o los gerentes de Emvisesa (ex gerente y tesorero del PP) y Emasesa (ex director de campaña electoral de Zoido) para que nos convenzamos plenamente de lo limpio que están de toda sospecha ideológica.

Por otro lado, a la derecha le debemos el fin de aquellas “persecuciones políticas” o “purgas” llevadas a cabo en el pasado contra trabajadores por “estalinistas” y “talibanes” de la peor calaña. Hoy si se producen despidos en el Ayuntamiento lo denominamos “reestructuraciones y reorganizaciones de plantilla” que, además, están absolutamente justificadas por razones de austeridad y eficiencia. Faltaría más.
Y si alguien osa cuestionar esta evidencia le aconsejo que pregunte a los trabajadores –preferentemente a los que aun conservan su puesto– de la Gerencia de Urbanismo, o de Emvisesa, o de Lipasam, o a los empleados de la limpieza en los colegios y edificios municipales, o a los de de Giralda Televisión… Seguro que la respuesta de la plantilla es que “no se puede quejar” (entiéndase bien el doble sentido).
No obstante, comprendo que haya quien considere que mi análisis pueda venir condicionado por el resultado de las últimas elecciones municipales. Pero, más allá del color con que se miren las cosas, la realidad a menudo se muestra testaruda y hay hechos insoslayables que no admiten más vuelta de hoja. Se trata sólo de compararlos, unos con otros, para constatar el tratamiento desigual y las distintas varas de medir que habitualmente se usan en esta ciudad en función de quien la gobierna.

Si hacemos este ejercicio, comprobaremos, por ejemplo, cómo quienes antaño acusaban con saña al Gobierno local PSOE-IU de contratar a dedo y de enchufar a familiares, hoy callan, miran para otro lado o incluso justifican la sospechosa contratación del hijo del alcalde del PP por un bufete de abogados al que, casualidades de la vida, el Ayuntamiento le ha encargado últimamente diversos trabajitos.

No seré yo quien discuta la preparación ni los méritos profesionales del vástago de Zoido pero recuerdo que, ante casos similares, los que ahora se encuentran al frente de la Alcaldía, empezando por el mismo alcalde, ponían el grito en el cielo y se rasgaban las vestiduras de forma bastante hipócrita y farisaica.

Se me viene a la cabeza la miserable campaña de descrédito y de calumnias que el PP sevillano lanzó en su día contra mi compañero, Lolo Silva, quien, ante aquel brutal acoso, terminó dimitiendo como concejal de Juventud y Deportes. Luego los tribunales desestimarían la denuncia interpuesta por el señor Zoido, pero para entonces el daño a su persona y a Izquierda Unida ya estaba realizado.

Por cierto, mencionaba antes que se trataba de casos parecidos pero huelga decir que no son iguales, pues se ha demostrado que Silva no cometió trato de favor, ni incurrió en ninguno de los delitos que el PP le imputaba en su demanda (“prevaricación, malversación de caudales públicos, tráfico de influencias, fraude en la contratación pública y usurpación de funciones”). Ahora bien, lo de Zoido está todavía por aclarar, por mucho que desde su partido se pretenda pasar de puntillas por este tema.
A eso es a lo que me refiero: al doble rasero que suele caracterizar a la derecha política de esta ciudad. Y lo mismo sucede con otras muchas cosas…
Quienes tanto atacaron los viajes institucionales del anterior Gobierno municipal y prometieron acabar con ellos, ahora permanecen completamente mudos ante las cada vez más injustificables ausencias del también alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido.

Quienes tanto reprocharon el supuesto sesgo sectario de los responsables municipales anteriores a la hora de conceder ayudas al tejido asociativo, ahora resulta que han aumentado el número y la cuantía de las subvenciones nominales, esto es las otorgadas a dedo, en detrimento de las de concurrencia general.

Quienes tanto denostaron los proyectos de cooperación y los hermanamientos realizados por la anterior Corporación con otras ciudades del mundo, por “ideológicos y partidistas”, hoy ya no hablan de derechos humanos antes de firmar acuerdos y declararse “Amigos de China” bajo el argumento de que allí hay 80 millones de ricos.

Y quienes hoy aseguran que no permitirían la celebración de actos de ensalzamiento fascista en centros municipales son los mismos que hace dos años arremetieron con virulencia contra mi compañera Josefa Medrano porque, en su calidad de delegada de Participación Ciudadana y en aras de evitar altercados públicos, denegó el uso de una sala en un centro cívico para homenajear a un reputado franquista, autor del Cara al Sol.

La trayectoria del PP a lo largo de estos siete meses de gobierno está plagada de contradicciones de este tipo. Pero lo dejo aquí no vayan a volver a acusarme desde las filas del PP de “no estar legitimado” para efectuar ninguna crítica. Y, claro, ante argumentos de ese calibre y entidad, es preferible no gastar más tinta por ahora. El que quiera ver que vea…

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