miércoles, 1 de febrero de 2012

Zoido no es Superman

El tema empieza a adquirir tintes absolutamente escandalosos. Muchos en su partido no lo quieren reconocer y otros se empeñan en negar la evidencia, pero lo cierto es que el señor Juan Ignacio Zoido ha abdicado, definitivamente, de su condición de alcalde de la ciudad. El cargo para el que le eligieron los sevillanos y sevillanas parece habérsele quedado pequeño y, actualmente, sólo le interesa ya en la medida que le sirve para proyectarse políticamente hacia el exterior o para su promoción personal.


No seré yo quien descubra ahora que Zoido cada vez está menos en Sevilla y que cada día se encuentra más ocupado y preocupado por asuntos ajenos a la realidad de la capital hispalense. Y es que ser, al mismo tiempo, parlamentario andaluz, presidente de la Federación Española de Municipios y Provincia (FEMP) y tótem del PP, además de ostentar la alcaldía de la cuarta ciudad más grande del país, no resulta fácil de llevar.

No se trata de una cuestión de capacidad, sino fundamentalmente de limitación humana. Porque por mucho que él se autoengañe o su equipo de colaboradores se lo haga creer, Zoido todavía no dispone de poderes sobrenaturales ni es Superman. Y ya se sabe que quien mucho abarca, poco aprieta. Esto explica, en gran parte además, la tremenda inacción institucional y la nula gestión que, más allá de la propaganda, ha caracterizado a su Gobierno local en estos primeros siete meses de mandato.




Pero lo más grave de todo es el monumental fraude electoral que este señor ha consumado ante sus votantes, a quienes en campaña prometió consagración en exclusiva a los problemas de la ciudad. “El alcalde de los sevillanos las 24 horas del día”, ése era uno de los eslóganes que más machaconamente repitió antes de los comicios municipales. Un compromiso que el de Fregenal ha incumplido de forma flagrante.

Insisto, no nos hallamos ante una acusación gratuita por mi parte, sino ante un hecho innegablemente objetivo. Cada vez se puede apreciar con mayor claridad que el regidor de Sevilla, la máxima autoridad local, está completamente “missing”. Es curioso que quien tanto criticó los viajes del anterior Gobierno municipal, se pase buena parte de la semana fuera de la ciudad atendiendo los compromisos derivados de su pluriempleo político.

Últimamente es que no sale de Madrid. Cuando no se encuentra en reuniones o actos de su partido, lo vemos concediendo entrevistas u ofreciendo ruedas de prensa en calidad de presidente de la FEMP. El último ejemplo fue el desayuno informativo de ayer en el Forum Economía, donde, dicho sea de paso, el señor Zoido estuvo acompañado por medio Gobierno local, cuyos miembros no debían tener nada mejor que hacer en Sevilla, y por todo el aparato partidario, amén de numerosos ministros.

Y eso por no hablar de las escapadas que se viene pegando por Europa: Unas veces a París (Francia) para apoyar a Rafa Nadal en el torneo de tenis de Roland Garros, otras a Florencia (Italia) para dar conferencias sobre las bondades de las políticas de sostenibilidad que luego no practica en Sevilla… El caso es que, por una u otra causa, el alcalde anda desaparecido y en permanente dejación de funciones.
Pues bien, por si fuera poco, ahora nos enteramos que Zoido concurrirá también a las elecciones autonómicas como cabeza de lista de la candidatura del PP por la provincia. O sea que si ya tenía olvidado al Ayuntamiento, más lo va abandonar en los próximos meses. De nuevo las prioridades del partido se imponen a sus obligaciones como alcalde. Por cierto, que en el Parlamento también han empezado ya a echarlo en falta.

Aunque, siendo sinceros, Zoido no ha dejado nunca de estar en campaña. No en vano, desde que tomó posesión no ha cesado en su estrategia de utilizar la administración local como arma arrojadiza para confrontar con la Junta de Andalucía.

Sin duda, en eso sí que ha sabido emplearse a fondo. Basta con observar el tono y el contenido de la inmensa mayoría de las mociones elevadas por el PP al Pleno durante estos siete meses para comprender lo que digo. Aunque, en honor a la verdad, él por estas sesiones cada vez se deja ver menos el pelo. Lo justito para la foto.

Su nombramiento como cabeza de lista por Sevilla le seguirá, por tanto, imposibilitando una dedicación completa a las tareas que le han encomendado sus votantes de Sevilla, con lo que eso conlleva de falta de respeto hacia ellos y de impostura política. 

Pero, sobre todo, esta decisión supone un órdago a la ley que impide compatibilizar los cargos de alcalde y diputado en el Parlamento. Esta actitud desafiante e insumisa de Zoido resulta cuanto menos sorprendente, máxime cuando, para más inri, él es juez de profesión. 

Por otra parte, me parece una frivolidad y un auténtico insulto a la inteligencia de los andaluces sostener, como ha hecho el candidato del PP a la Junta, Javier Arenas, que Zoido puede compaginar perfectamente ambas responsabilidades porque el Hospital de las Cinco Llagas está a cinco minutos del Ayuntamiento de Sevilla. ¡Como si ser diputado consistiese sólo en ir de vez en cuando a votar al Parlamento y punto!

Precisamente ayer, en los desayunos del Forum Europa, no le dolieron prendas en defender la máxima de “una competencia, una administración”. Una fórmula que podría aplicarse a él mismo en la línea de “un cargo, una persona”. En fin, una incoherencia más que achacar al populismo del PP y a su disperso y diletante discípulo, el también alcalde de Sevilla.

Yo no soy una persona de dar consejos y mucho menos a rivales políticos. Pero en este caso, y sin que sirva de precedente, me voy a permitir recomendarle al alcalde que emule a su compañera de partido, Soledad Becerril, quien en su momento no tuvo dudas y optó por abandonar el Congreso para centrarse en Sevilla. Zoido debería aprender de ella y actuar de la misma manera. La ciudad y todos en general saldríamos ganando.

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