Discurso completo de Iván Márquez, de
las FARC, en Oslo, cuyo discurso no fue publicado por la Televisión ni
los Medios de Colombia
Iván Márquez, en Oslo
Con la instalación de la mesa de
diálogo en las afueras de Oslo, comenzó el proceso de paz que
desarrollarán las FARC-EP y el gobierno de Colombia. El acto público
tuvo su inicio con la intervención del vocero principal del gobierno,
Humberto de la Calle Lombana y prosiguió con las palabras del jefe de la
delegación de las FARC-EP, Iván Márquez, integrante del Secretariado
Nacional de la organización insurgente. A continuación, damos a conocer
el texto completo de su discurso.
»La paz que hemos querido nosotros,
por la cual hemos luchado por mucho tiempo, ha sido siempre buscando que
en este país se acaben las desigualdades que son tan poderosas«
Manuel Marulanda Vélez
Señoras y señores
Amigas y amigos de la paz de Colombia
Compatriotas
Hemos venido hasta este paralelo 60, hasta esta ciudad de Oslo desde el
trópico remoto, desde el Macondo de la injusticia, el tercer país más
desigual del mundo, con un sueño colectivo de paz, con un ramo de olivo
en nuestras manos.
Venimos a esta Noruega septentrional a buscar la paz con justicia social
para Colombia por medio del diálogo, donde el soberano, que es el
pueblo, tendrá que ser el protagonista principal. En él reposa la fuerza
irresistible de la paz. Ésta no depende de un acuerdo entre voceros de
las partes contendientes. Quien debe trazar la ruta de la solución
política es el pueblo y a él mismo le corresponderá establecer los
mecanismos que han de refrendar sus aspiraciones.
Tal emprendimiento estratégico no puede concebirse como un proceso
contra reloj. La pretendida paz exprés que algunos promocionan, por su
volátil subjetividad y por sus afanes, sólo conduciría a los precipicios
de la frustración. Una paz que no aborde la solución de los problemas
económicos, políticos y sociales generadores del conflicto, es una
veleidad y equivaldría a sembrar de quimeras el suelo de Colombia.
Necesitamos edificar la convivencia sobre bases pétreas, como los
inamovibles fiordos rocosos de estas tierras, para que la paz sea
estable y duradera.
No somos los guerreristas que han querido pintar algunos medios de
comunicación, venimos a la mesa con propuestas y proyectos para alcanzar
la paz definitiva, una paz que implique una profunda desmilitarización
del Estado y reformas socioeconómicas radicales que funden la
democracia, la justicia y la libertad verdaderas. Venimos aquí con el
acumulado de una lucha histórica por la paz, a buscar, codo a codo con
nuestro pueblo, la victoria de la solución política sobre la guerra
civil que destroza a Colombia. No obstante, nuestra determinación tiene
la fortaleza para enfrentar a los guerreristas que creen que con el
estruendo de las bombas y de los cañones pueden doblegar la voluntad de
quienes mantenemos en alto las banderas del cambio y la justicia social.
No se puede encadenar este proceso a una política enfocada
exclusivamente en la obtención desaforada de ganancias para unos pocos
capitalistas a los que no les importa para nada la pobreza que abate al
70% de la población. Ellos sólo piensan en el incremento de su botín, no
en la reducción de la miseria. Más de 30 millones de colombianos viven
en la pobreza, 12 millones en la indigencia, el 50% de la población
económicamente activa, agoniza entre el desempleo y el subempleo, casi 6
millones de campesinos deambulan por las calles víctimas del
desplazamiento forzoso. De 114 millones de hectáreas que tiene el país,
38 están asignadas a la exploración petrolera, 11 millones a la minería,
de las 750 mil hectáreas en explotación forestal se proyecta pasar a 12
millones. La ganadería extensiva ocupa 39.2 millones. El área
cultivable es de 21.5 millones de hectáreas, pero solamente 4.7 millones
de ellas están dedicadas a la agricultura, guarismo en decadencia
porque ya el país importa 10 millones de toneladas de alimentos al año.
En nuestra visión, colocar sobre la mesa el asunto del desarrollo
agrario integral como primer punto del acuerdo general remite a asumir
el análisis de uno de los aspectos centrales del conflicto. El problema
de la tierra es causa histórica de la confrontación de clases en
Colombia. En palabras del comandante Alfonso Cano ³las FARC nacimos
resistiendo a la violencia oligárquica que utiliza sistemáticamente el
crimen político para liquidar a la oposición democrática y
revolucionaria; también como respuesta campesina y popular a la agresión
latifundista y terrateniente que inundó de sangre los campos
colombianos usurpando tierras de campesinos y colonos.
Aquello que fue causa esencial del alzamiento armado y de una heroica
resistencia campesina, a lo largo del tiempo se ha agudizado. La
geofagia de los latifundistas acentuó la desequilibrada e injusta
estructura de la tenencia de la tierra. El coeficiente GINI en el campo
alcanza el 0,89. ¡Espantosa desigualdad! Los mismos datos oficiales dan
cuenta de que las fincas de más de 500 hectáreas corresponden al 0.4% de
los propietarios que controlan el 61.2% de la superficie agrícola. Se
trata de una acumulación por desposesión, cuya más reciente referencia
habla de 8 millones de hectáreas arrebatadas a sangre y fuego a través
de masacres paramilitares, fosas comunes, desapariciones y
desplazamiento forzoso, crímenes de lesa humanidad, acentuados durante
los 8 años de gobierno de Uribe, todos ellos componentes del terrorismo
de Estado en Colombia.
Para las FARC, Ejército del Pueblo, el concepto TIERRA está
indisolublemente ligado al territorio; son un todo indivisible que va
más allá del aspecto meramente agrario y que toca intereses
estratégicos, vitales, de toda la nación. Por eso la lucha por el
territorio está en el centro de las luchas que se libran hoy en
Colombia. Hablar de tierra significa para nosotros hablar del territorio
como una categoría que además del subsuelo y el sobresuelo entraña
relaciones socio- históricas de nuestras comunidades que llevan inmerso
el sentimiento de patria, que concibe la tierra como abrigo, y el
sentido del buen vivir. Al respecto debiéramos interiorizar la profunda
definición del Libertador Simón Bolívar sobre qué es la patria, nuestro
suelo, nuestro territorio: ³Primero el suelo nativo que nada -nos dice-,
él ha formado con sus elementos nuestro ser; nuestra vida no es otra
cosa que la esencia de nuestro propio país; allí se encuentran los
testigos de nuestro nacimiento, los creadores de nuestra existencia y
los que nos han dado alma por la educación; los sepulcros de nuestros
padres yacen allí y nos reclaman seguridad y reposo; todo nos recuerda
un deber, todo nos excita sentimientos tiernos y memorias deliciosas;
allí fue el teatro de nuestra inocencia, de nuestros primeros amores, de
nuestras primeras sensaciones y de cuanto nos ha formado. ¿Qué títulos
más sagrados al amor y a la consagración?
Partimos de esta visión para alertar a Colombia toda: la titulación de
tierras, tal como la ha diseñado el actual gobierno, es una trampa;
encarna una suerte de despojo legal a través del cual se busca que el
campesino, una vez con el título de propiedad en sus manos, no tenga
otra salida que la de vender o arrendar a las trasnacionales y
conglomerados financieros, a los que sólo les interesa el saqueo
exacerbado de los recursos minero-energéticos que están debajo del
suelo. Dentro de su estrategia está la utilización del suelo para
extender las explotaciones forestales y las inmensas plantaciones, no
para resolver el grave problema alimentario que padece nuestro pueblo,
sino para producir agro-combustibles que alimentarán automóviles. En el
mejor de los casos, la gente del campo quedará con una renta miserable,
pero alejada del terruño y confinada en los cinturones de miseria de las
grandes ciudades. Al cabo de 20 o 30 años de contrato nadie se acordará
del verdadero dueño de la tierra. Lo aseguramos sin vacilación: la
bancarización de la tierra derivada de la titulación, acabará
³tumbándole² la tierra al campesino. Nos están empujando a la
extranjerización de la tierra y al desastre ambiental dinamizado
brutalmente por la explotación minero-energética y forestal.La
naturaleza como fuente de información genética no puede ser convertida
en botín de las trasnacionales. Nos oponemos a la invasión de las
semillas transgénicas y a la privatización y destrucción de nuestra
biodiversidad y a la pretensión de hacer de nuestros campesinos pieza
del engranaje de los agro-negocios y sus cadenas agroindustriales. Están
en juego la soberanía y la vida misma.
En estos términos, la titulación no es más que la legalidad que pretende
lavar el rostro ensangrentado del despojo que durante décadas ha venido
ejecutando el terrorismo de Estado. Para una trasnacional es más
presentable decir ³tengo un título minero² a que se le sindique de haber
financiado grupos paramilitares y desterrado a una población para hacer
viable su proyecto extractivo. Dentro de esta dinámica en Colombia el
régimen asesina no sólo con sus planes de guerra, con sus paramilitares y
sicarios, sino también con sus políticas económicas que matan de
hambre. Hoy hemos venido a desenmascarar a ese asesino metafísico que es
el mercado, a denunciar la criminalidad del capital financiero, a
sentar al neoliberalismo en el banquillo de los acusados, como verdugo
de pueblos y fabricante de muerte.
No nos engañemos: la política agraria del régimen es retardataria y
engañosa. La verdad pura y limpia, como dice el Libertador Simón
Bolívar, es el mejor modo de persuadir. La mentira sólo conduce a la
agudización del conflicto. El fin último de tales políticas, en
detrimento de la soberanía y del bienestar común, es dar seguridad
jurídica a los inversionistas, liberalizar el mercado de tierras y
lanzar el territorio al campo de la especulación financiera y mercados
de futuro. Independientemente de que exista o no la insurgencia armada,
ésta política multiplicará los conflictos y la violencia.
Es a esto a lo que nos resistimos. Las FARC no se oponen a una verdadera
restitución y titulación de tierras. Por años hemos luchado, como
pueblo en armas, por una reforma agraria eficaz y transparente, y es
precisamente por ello que no se puede permitir que se implemente el
despojo legal que el gobierno proyecta con su ley de tierras. Por medio
de la violencia del Plan Colombia y el proyecto paramilitar, se preparó
el territorio para el asalto de las trasnacionales. La ley general
agraria y de desarrollo rural, es esencialmente un proyecto de
reordenamiento territorial concebido para abrirle campo a la economía
extractiva en contra de la economía campesina, en desmedro de la
soberanía alimentaria y del mercado interno, al superponer el mapa
minero-energético sobre el espacio agrícola. Ni siquiera se tiene en
cuenta la promoción de una agroecología que permita una interacción
amigable con la naturaleza.
Por otro lado, la restitución de tierras tiene que aludir a las tierras
que les arrebataron violentamente a los campesinos, indígenas y afro
descendientes, y no a baldíos distantes de sus sitios raizales de
existencia, también codiciados hoy por las multinacionales. Pero resulta
que este es un problema que tiene que ver con todo el pueblo colombiano
y que de hecho está salpicando de conflictos todo el territorio. Hay
una profunda inconformidad del país nacional con el hampa financiera que
se está apropiando de la Orinoquía. Ahora han aparecido unos tales
³nuevos llaneros² que de llaneros no tienen nada, como los magnates
Sarmiento Angulo y Julio Mario Santodomingo (hijo), los terratenientes
Eder del Valle del Cauca, el señor Efromovich, el ex vicepresidente
Francisco Santos (gestor del paramilitar Bloque Capital), los hijos de
Uribe Vélez, entre otros filibusteros, que ningún derecho tienen sobre
esas tierras y que sólo quieren clavar sus garras en el petróleo, el
oro, el coltán, el litio, explotar grandes proyectos agroindustriales y
la biodiversidad de la altillanura. Abordar el asunto agrario es
discutir con el país sobre estos problemas. Que hablen los verdaderos
llaneros, esos de piel tostada por el sol de los bancos de sabana; esos
que por siglos han convivido en armonía con los morichales y el vuelo de
las garzas y de los alcaravanes; esos de pies descalzos que con su
histórica bravura empuñaron las lanzas para darnos la libertad.
El pueblo tiene la palabra: Ahí está la patriótica resistencia de los
trabajadores petroleros contra la canadiense Pacific-Rubiales en Puerto
Gaitán, cuyo escenario de saqueo fue preparado con sangre por los
paramilitares de Víctor Carranza. Diariamente el vampiro trasnacional se
lleva más de 250 mil barriles de petróleo, mientras le succiona la
sangre a más de 12 mil 500 trabajadores tercerizados que como esclavos
tienen que trabajar 16 horas diarias por 21 días continuos por una
semana de descanso. Su situación laboral es más atroz que la impuesta
por los enclaves bananeros de los años 20.
Ahí está la resistencia de los pobladores del Quimbo, donde el gobierno
pretende sacar a patadas a la gente que ha vivido allá más de un siglo,
destruyendo así sus trayectorias culturales, de vida, y su entorno
ambiental. ¿Vamos a dejar acaso que se hiera de muerte al río de la
patria que es el Río Grande de la Magdalena, sólo para construir una
represa que generará energía para la exportación y no para resolver la
demanda interna de millones de colombianos que no tienen acceso a la
energía eléctrica? Para el gobierno están primero las ganancias de la
trasnacional EMGESA que la suerte de las familias que quedarán
desarraigadas.
Ahí está la resistencia de los pobladores de Marmato (Caldas), gente
humilde que siempre ha vivido de la explotación artesanal aurífera y que
ahora la trasnacional
MEDORO RESOURCES quiere borrar del mapa para convertir esa aldea en la
mina de oro a cielo abierto más grande del continente. Recordemos aquí,
que hasta la iglesia colombiana ha acompañado esa justa lucha en la que
el sacerdote José Idárraga, líder del Comité Cívico Pro defensa de
Marmato, fue acribillado por los esbirros de las trasnacionales.
Ahí está la formidable resistencia indígena y campesina en el Cauca en
defensa de su territorio y de sus culturas ancestrales, y la de sus
hermanos afrocolombianos, guardianes patrióticos de la soberanía del
pueblo sobre el Pacífico y nuestras selvas.
Insisten las castas dominantes en destrozar el páramo de Santurbán,
riqueza de biodiversidad y de aguas que sacian la sed de ciudades
importantes como Bucaramanga y Cúcuta. Por la codicia del oro pretenden
destruir la alta montaña y la pureza de las aguas del río Suratá. La
dignidad de los hijos de José Antonio Galán, el comunero, ha movilizado
la resistencia, unificando incluso al pueblo llano con el empresariado
local, que ha comenzado a entender, que esta es una lucha de toda
Colombia.
¿Cómo vamos a permitir que por complacer la voracidad por el oro de la
ANGLO GOLD ASHANTI se le entregue a esta multinacional el 5% de nuestro
territorio? El proyecto extractivo de esa empresa en La Colosa
(Cajamarca) dejará una gran devastación ecológica y privará de agua a 4
millones de colombianos que dependen de sus fuentes hídricas.
La locomotora minera es como un demonio de destrucción socio-ambiental
que si el pueblo no la detiene, en menos de una década convertirá a
Colombia en un país inviable. Frenemos ya las locomotoras físicas del
Cerrejón y de la Drummond que durante las 24 horas del día saquean
nuestro carbón, asperjan polución al paso de sus interminables vagones,
dejándonos, como dice el cantautor vallenato, Hernando Marín, sólo
socavón y miseria. Frenemos a la BHP BILLITON, a XSTRATA y la ANGLO
AMERICAN, que para extraer 600 millones de toneladas de carbón que yacen
bajo el lecho del río Ranchería, pretenden desviar su curso, lo que
disminuirá el caudal de sus aguas en un 40% generando devastación
ambiental y destrucción irreparable al tejido social de los pueblos
Wayúu.
Qué asustadizo se ve al gobierno para defender la soberanía frente a la
trasnacional BHP BILLITON que saquea en descarada actitud de lesa patria
el ferroníquel de Cerro Matoso (Córdoba), y a la que sigue colmando de
gabelas en detrimento de la soberanía, el bienestar social y el medio
ambiente.
Hay que poner fin a esa monstruosidad que son los contratos a 20 y 30
años que privilegian los derechos del capital en menoscabo del interés
común.
Y claro, se escuchan a los portavoces del gobierno y la oligarquía
proclamando el crecimiento de la economía nacional y sus exportaciones.
Pero no, en Colombia no hay economía nacional. Quienes exportan el
petróleo, el carbón, el ferroníquel, el oro y se benefician con ello,
son las multinacionales. La prosperidad, entonces es de éstas y de los
gobernantes vendidos, no del país.
Este no es un espacio para resolver los problemas particulares de los
guerrilleros, sino los problemas del conjunto de la sociedad; y dado que
uno de los factores que más impacta negativamente a la población es la
subscripción de los Tratados de Libre Comercio, éste es un tema que
tendrá que abordarse indefectiblemente. Pobre Colombia obligada a
competir con las trasnacionales con una infraestructura arruinada por la
corrupción y la desidia.
Entonces la paz, sí. Sinceramente queremos la paz y nos identificamos
con el clamor mayoritario de la nación por encontrarle una salida
dialogada al conflicto abriendo espacios para la plena participación
ciudadana en los debates y decisiones.
Pero la paz no significa el silencio de los fusiles, sino que abarca la
transformación de la estructura del Estado y el cambio de las formas
políticas, económicas y militares. Sí, la paz no es la simple
desmovilización. Decía el comandante Alfonso Cano: ³Desmovilizarse es
sinónimo de inercia, es entrega cobarde, es rendición y traición a la
causa popular y al ideario revolucionario que cultivamos y luchamos por
las transformaciones sociales, es una indignidad que lleva implícito un
mensaje de desesperanza al pueblo que confía en nuestro compromiso y
propuesta bolivariana². Necesariamente tendremos que abocar las causas
generadoras del conflicto y sanear primero el cangro de la
institucionalidad. Claro, desde el punto de vista estrictamente
económico, para una trasnacional es más fácil saquear los recursos
naturales del país sin la resistencia popular y guerrillera. Apoyados en
ejercicios sencillos de matemática, podemos afirmar que la guerra es
insostenible para el Estado, por las siguientes consideraciones:
El gasto militar en Colombia es de los más altos del mundo en proporción
a su Producto Interno Bruto. Este alcanza el 6.4% cuando hace 20 años
estaba por el orden del 2.4%; es decir, se ha triplicado, y eso es
relevante. El gasto militar actualmente oscila entre 23 y 27 billones de
pesos al año, descontando que Colombia es el tercer receptor de »ayuda«
militar estadounidense en el mundo y que por cuenta del Plan Colombia
recibe una financiación equivalente a 700 millones de dólares al año
En Colombia hay un régimen jurídico que se acompaña con la protección
militar de las inversiones. De unos 330.000 efectivos de las Fuerzas
Militares, 90 mil soldados son utilizados para cuidar la infraestructura
y las ganancias de las multinacionales. El enorme gasto que esto
representa, aunado al costo de la tecnología empleada, pone en evidencia
los límites de la sostenibilidad de la guerra. Nosotros hacemos un
llamado sincero a los soldados de Colombia, a los oficiales y sub
oficiales, a los altos mandos que aun sientan en su pecho el latir de la
patria, a recobrar el decoro y la herencia del ideario bolivariano, que
reclama a los militares emplear su espada en defensa de la soberanía y
las garantías sociales. Qué bueno sería protagonizar el surgimiento de
unas nuevas Fuerzas Armadas. No más sumisión a Washington, no más
subordinación al Comando Sur y no más complacencia con la expansión de
bases militares extranjeras en nuestro territorio.
Esa es la hoguera que arde en nuestro corazón; por eso no pueden ser más
que un agravio los llamados instrumentos jurídicos de justicia
transicional que apuntan a convertir a las víctimas en victimarios. Que
se tenga presente, que el alzamiento armado contra la opresión es un
derecho universal que asiste a todos los pueblos del mundo, que ha sido
consagrado en el preámbulo de la declaración de los derechos humanos
aprobada por la ONU en 1948, y que además es un derecho consignado en
muchas constituciones de las naciones del mundo. No somos causa sino
respuesta a la violencia del Estado, que es quien debe someterse a un
marco jurídico para que responda por sus atrocidades y crímenes de lesa
humanidad como los 300 mil muertos de la denominada época de la
violencia en los años 50, que responda por los 5 mil militantes y
dirigentes de la Unión Patriótica asesinados, por el paramilitarismo
como estrategia contrainsurgente del Estado, por el desplazamiento de
cerca de 6 millones de campesinos, por los más de 50 mil casos de
desaparición forzada, por las masacres y los falsos positivos, por las
torturas, por los abusos de poder que significan las detenciones
masivas, por la dramática crisis social y humanitaria; en síntesis que
responda por el terrorismo de Estado. Quien debe confesar la verdad y
reparar a las víctimas son sus victimarios atrincherados en la espuria
institucionalidad.
Somos una fuerza beligerante, una organización política revolucionaria
con un proyecto de país esbozado en la Plataforma Bolivariana por la
Nueva Colombia, y nos anima la convicción de que nuestro puerto es la
paz, pero no la paz de los vencidos, sino la paz con justicia social.
La insurgencia armada motivada en una lucha justa no podrá ser derrotada
con bombarderos ni tecnologías, ni planes por muy sonoros y variados
que sean sus denominaciones. La guerra de guerrillas móviles es una
táctica invencible. Se equivocan aquellos que embriagados de
triunfalismo hablan del fin del fin de la guerrilla, de puntos de
inflexión y de derrotas estratégicas, y confunden nuestra disposición al
diálogo por la paz con una inexistente manifestación de debilidad. Nos
han golpeado y hemos golpeado, sí. Pero con el romancero español podemos
decir: ³por fortuna os vanagloriáis porque vuestras armas están
bruñidas; en cambio mirad las mías, qué amelladas están, porque hieren y
han sido heridas². Así son los avatares de la guerra. El Plan Patriota
del Comando Sur de los Estados Unidos ha sido derrotado y la
confrontación bélica se extiende hoy con intensidad por todo el
territorio nacional. No obstante en nosotros palpita un sentimiento de
paz fundado en el convencimiento de que la victoria siempre estará en
manos de la voluntad y la movilización de nuestro pueblo. ³Este es un
mensaje de decisión, decía hace poco Alfonso Cano: aquí en las FARC
nadie está amilanado, ¡estamos absolutamente llenos de moral, de moral
de combate!
Presidente Santos, fundemos la paz tomando como base los anhelos de la nación.
Convocamos a todos los sectores sociales del país, al Ejército de
Liberación Nacional, ELN, a los Directorios de los partidos políticos, a
Colombianas y Colombianos por la Paz, organización que liderada por
Piedad Córdoba trabajó denodadamente por abrir esta senda, a la
Conferencia Episcopal y a las iglesias, a la Mesa Amplia Nacional
Estudiantil (MANE), a la Coordinadora de Movimientos Sociales de
Colombia (COMOSOCOL), a los promotores del Encuentro por la Paz de
Barranca, a los indígenas, a los afro-descendientes, a los campesinos, a
las organizaciones de desplazados, a la ACVC, a la Asociación Nacional
de Zonas de Reserva Campesina (ANZORC), a las centrales obreras, a las
mujeres, al movimiento juvenil colombiano, a la población LGTBI, a los
académicos, a los artistas y cultores, a los comunicadores alternativos,
al pueblo en general, a los migrados y exiliados, a la Marcha
Patriótica, al Polo Democrático, al Congreso de los Pueblos, al Partido
Comunista, al MOIR, a la Minga Indígena, a los amantes de la paz en el
mundo, para que llenen de esperanza este intento de solución diplomática
del conflicto.
Simón Trinidad ya manifestó desde la cárcel imperial de Florence
(Colorado), donde está condenado injustamente a 60 años de presidio, su
total disposición para participar en los diálogos por la paz de
Colombia. En un acto de sensatez la Fiscalía colombiana ha dicho que él
tiene todo el derecho a hacer parte de la delegación de las FARC en la
mesa de conversaciones y el Consejo Superior de la Judicatura ofreció la
tecnología y la logística para que eso sea posible. El gobierno de los
Estados Unidos haría un gran aporte a la reconciliación de la familia
colombiana, facilitando la participación de Simón, de cuerpo presente en
esta mesa.
Finalmente queremos expresar nuestra eterna gratitud a los gobiernos y
pueblos de Noruega, Cuba, Venezuela y Chile, que desplegaron sus
esfuerzos mancomunados desde Escandinavia, desde el Caribe, desde la
cuna de Simón Bolívar y desde el indómito Arauco de Neruda y Allende,
para que el mundo pueda contemplar el prodigio de la nueva aurora boreal
de la paz. También resaltamos la contribución del CICR como garante del
traslado de voceros de las FARC desde agrestes regiones colombianas
bajo el fuego.
Rendimos homenaje a nuestros caídos, a nuestros prisioneros de guerra, a
nuestros lisiados, a la abnegación de las Milicias Bolivarianas, al
Partido Comunista Clandestino y al Movimiento Bolivariano por la Nueva
Colombia, y junto a ellos al pueblo fiel que nutre y acompaña nuestra
lucha.
Sin aún comenzar la discusión, no coloquemos como espada de Damocles, a
pender amenazas sobre la existencia de esta mesa. Sometamos las razones
de cada una de las partes contendientes al veredicto de la nación, a la
veeduría ciudadana. No permitamos que los manipuladores de opinión,
desvíen el rumbo de esta causa necesaria que es la reconciliación y la
paz de los colombianos en condiciones de justicia y dignidad. La gran
prensa no puede seguir actuando como juez inicuo frente al conflicto,
porque como decía Cicerón, ³un juez inicuo es peor que un verdugo². De
los esfuerzos de todos y de la solidaridad del mundo, depende el destino
de Colombia. Que la oración por la paz de Jorge Eliécer Gaitán ilumine
nuestro camino:³Bienaventurados los que entienden que las palabras de
concordia y de paz no deben servir para ocultar sentimientos de rencor y
exterminio. ¡Malaventurados los que en el gobierno ocultan tras la
bondad de las palabras la impiedad para los hombres del pueblo, porque
ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la
historia!
Damos la bienvenida a este nuevo emprendimiento por la paz con justicia
social. Todos, por la solución incruenta del conflicto colombiano.
¡Viva Colombia!
¡Viva Manuel Marulanda Vélez!
¡Viva la paz!
Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP
Fente: RedGlobe/PrensaPopularSolidaria
http://prensapopular-comunistasmiranda.blogspot.com
Correo: pcvmirandasrp@gmail.com
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